Silvia  (30 años)

29/09/2009

Mi alta.
Hace justo un año, un lunes 29 de septiembre de 2008 que ingresé en ITA, y no precisamente de una manera voluntaria. Diría que fue una llegada” triunfal” como sarcásticamente la cataloga Toni (mi terapeuta). Día en que casualmente daban un Alta.
Para vosotras tal vez  es un día más, pero para mí es una fecha muy pero que muy importante, pues no es nada fácil estar hoy aquí sentada en este, siempre anhelado, sillón beige; ¡esto  es llegar al pódium! Salir por la “puerta grande”.
 He luchado mucho para ello, tampoco me confío, he de seguir trabajando y manteniendo el puesto.
Como ya he dicho antes hoy es de los días más importantes de mi vida, supera con creces mi fin de carrera y creo que si fuera actriz sería como ganar el Oscar. Es más, si  tuviese que elegir un objeto que lo simbolizara sería un” pico de escalada” o tal vez un simple “remo de barca”.
Llevo, o mejor dicho he llevado arrastrándola 15 años, justo la mitad de mi vida. Me he pasado todos estos años inmersa en una especie de “coma profundo” alejada del mundo.
Es por ello que tengo tantas cosas que me gustaría contar, tantas experiencias vividas que no me daría tiempo, por lo que mejor voy a sintetizar.
Ante todo decir que es una “gran putada” padecer esta enfermedad, es cierto que uno no la elige, hay muchos factores que influyen en ella tanto internos como externos, pero lo que uno si elige es acabar con ella, eso sí, si uno realmente quiere. Esa es la cuestión; el verdadero clic lo hace (o por lo menos en mi caso) tener los suficientes motivos y ganas de poner punto y final, de pasar página, de enterrarla. Y para ello agarrase a las auténticas herramientas que se te brindan aquí. 
En definitiva, confiar plenamente en que vas a salir de ella y creértelo de verdad. Porque se puede, cuesta mucho, es cierto, es un trabajo muy duro, una cima difícil de alcanzar y del que muchas no están dispuestas a “escalar” o a responsabilizarse, pero se puede lograr y es un verdadero orgullo personal, una  gran satisfacción saber que lo has conseguido por ti misma: tú has de ser tu principal objetivo. Hacerlo por alguien o por obligación es un gran error.
Querer curarse y poner todo el empeño en ello es la mejor inversión que una puede hacer en su vida. Es el mejor proyecto, os puedo asegurar que compensa.
Poseemos una gran fuerza de voluntad, muestra de ello ha sido el que la gran mayoría nos empeñarnos en adelgazar y lograr un cuerpo que creemos se acerca a lo perfecto, convenciéndonos que así vamos a ser más aceptadas, queridas, importantes, especiales, diferentes… y un sin fin de pensamientos que no tienen nada que ver con la realidad, sin llegar a la conclusión de que nos estamos engañando. Que ese kilo de menos que controlamos  es un falso poder, pues nuestro mundo es tan caótico que nos distraemos con lo superfluo, como válvula de escape, para dejar de pensar en lo que sí importa pero aterra, que no es otra cosa que la responsabilidad de uno mismo.
La definición más simple sería: Anorexia= obsesión por adelgazar para evitar los problemas que tenemos. Aún así es difícil de entender, lo sé.
Cuando verdaderamente me impliqué en mi tratamiento puse “toda la carne en el asador”.  Fui clara con mi terapeuta, sin más contemplaciones puse las cartas sobre la mesa y decidí jugármelo todo, no tenía nada que perder y encima tenía a alguien que me escuchaba con gran interé s, por lo que hice un cambio; empleé toda mi voluntad, la misma que había estado utilizando para destruirme y hacerme daño, a la constructiva, a reconstruirme.
Por supuesto que se pasa fatal en el tratamiento, ¡ey! que yo aún sigo en él, pero no podemos quedarnos con esto, justificar este malestar para abandonar, “no cuela”. A parte, que da bastante pena cuando se ingresa el conocer a muchas niñas que desde el principio te dan ánimos y te ofrecen su apoyo,  para luego ver que esas mismas niñas que una vez te ayudaron prefirieron seguir “enamoradas” de su enfermedad pues les resultaba más cómodo o fácil esto que continuar arriesgando por tener una vida mejor, o mejor dicho, por tener una vida.
Por lo que siempre he dicho: uno siempre y ante todo tiene que saber el motivo de su estancia en el centro, preguntarse a qué ha venido. Y llevarlo a cavo con todo el coraje que se tiene. Porque se tiene.
Fue aquí donde llegué a descubrir lo fuerte que era, entre otras muchas cosas…
Ha sido un espacio donde he llorado mucho pero también me he reído. Una total y gran experiencia que me ha ayudado a madurar, a crecer interiormente y a sacar lo mejor.
Necesitamos un lugar como este para perdernos y volvernos a encontrar,  pero de otra manera.
Claro que es dura la estancia en ITA, nadie la ha vendido como un “balneario urbano” o como “La casa de la pradera”, pero hay que seguir unas fases, un protocolo, para al final llegar a sentarse aquí. Hay que pasarlo mal, es inevitable, forma parte del proceso.
¿Y salir fuera? ¿Acaso no es duro tener que encararse con las causas que tapamos con la enfermedad? Si nos ponemos así  todo es duro y todo cuesta, lo que no hay que hacer tampoco es caer en el error de la eterna comparación con todo.
Cada paciente es distinto, por lo que cada tratamiento también lo es.
No nos agarremos a lo negativo, o entremos en el mal rollo del critiqueo mezquino. Las malas alianzas perjudican no sólo a unos pocos sino a todo al grupo, no hay que olvidar  que formamos parte de ese grupo. El grupo es más importante de lo que se piensa, se ha de ir en consonancia con él.
Aquí te ofrecen las herramientas pero eres tú y solamente tú el que tiene o no la responsabilidad de usarlas en su beneficio.
Entre otras muchas cosas me he dado cuenta que no soy ni quiero ser perfecta. Valoro la vida pues merece ser vivida, la lleno de las cosas y las personas que yo quiero.
Tengo la tranquilidad de ser siempre yo, y aunque nunca pensé decirlo quiero bastante a la persona que hoy en día soy.
Por supuesto que sigo equivocándome, es normal y humano, pero la diferencia es que ahora soy yo quien lleva las riendas. Me cuido de no dejarme influir por otras personas o de anteponer sus necesidades a las mías simplemente por complacerlas. Por fin he dejado de construirme según el reflejo que los demás tenían de mí olvidando mi identidad, me cansé de vender una imagen que no se correspondía a lo que yo era, es por todo ello que puedo decir con la mayor plenitud que ¡sí! he logrado la libertad, algo suficientemente imprescindible en mi curación.
Por último me quedo con la lección de que para vivir hay que hacer elecciones constantemente, puede asustar mucho porque no deja de ser un riesgo, pero por lo que comentaba antes, como no soy  perfecta ni voy nunca a tener la verdad absoluta, me doy el permiso de equivocarme y aprender de ello. Esto es lo que me hace seguir avanzando por el “auténtico camino”.
Agradecimientos:  Montse Sánchez,  por “no dejarme ir”
                                   Toni Grau, por “despertarme”, entenderme y confiar en mí
                                  Montse del Castillo, Montse Cañadas, Gabriela Hernández, Nuria Reina, María José Romero, Marta Gago, Marc Ferreira, Alex Dencàs y Juan Pablo Muñoz, por dejaros la piel en vuestras terapias y enseñarme a “escuchar”
                                   A mi familia y novio, por estar siempre ahí

Es estupendo trabajar con un equipo tan profesional como habéis demostrado, encontrar ITA ha marcado un antes y un después.

Pacientes y familiares comparten su experiencia

Más información

De interés

Reportaje TV2

Mi cuerpo, mi enemigo
Los trastornos de conducta de la alimentación se han convertido en una epidemia.

Ver ahora >>
bytalking
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies.