Penélope  (25 años)

25/11/2009

Qué difícil resulta hablar de mi propia vida cuando se trata de hablar de aquello que me ha quitado parte de ella, qué complicado me parece hablar sobre la anorexia, pero qué fácil es, por el contrario, mantenerse en ella cuando te ha atrapado.

Cuando me sentía en el desastre emocional más absoluto y la perfección que exigía a mi alrededor se desmoronaba, de repente, sin saber exactamente de qué manera, decidí sentarme ante una bata blanca que parecía una máquina sabelotodo de hacer preguntas. Y así es como llegué a ITA.

Nunca había oído hablar del centro, pero estaba agotada de las visitas mensuales de control de peso y necesitaba probar algo diferente. Recuerdo que me daba pereza tener que contar toda mi historia otra vez desde el principio y tenía miedo a lo desconocido, a un ingreso que suponía un gran paréntesis en mi vida.

La situación imponía pero, ¿qué podía perder? En cambio, pensaba que sí tenía mucho que ganar, que recuperar.

Me dijeron que mi caso era complicado, pues pese a la inseparable y maldita compañía de la anorexia nerviosa, pude ir haciendo a lo largo de los años lo mismo que cualquier otra persona (estudiar, viajar…), pero para el equipo de ITA eso nunca fue un obstáculo y desde que crucé aquella puerta que simbolizaba la frontera entre mi pasado y mi futuro, se empeñaron con mi curación.

Tener la insistente sombra de la enfermedad cada día desde que te levantas hasta que te acuestas acarrea un sufrimiento muy doloroso. A veces es como llevar una doble vida, una vida contigo y sin ti, una historia que continuamente se repite con una serie de rituales, pensamientos y conductas que te ponen el corazón en la cabeza y hacen de tu cuerpo la imagen má s horrorosa jamás imaginable, la imagen que es fiel reflejo de lo que ocurre dentro de ti. ¡Y qué duro es luchar contra ella cuando te sientes tan identificado con esa apariencia!

Pero en el fondo sabía que tenía que hacerlo aún desconociendo por dónde empezar porque realmente tampoco sabía cuándo la anorexia empezó en mí. Lo que no cabía preguntarse era cuándo hacerlo y poco a poco me fui dando a conocer. Lo mejor es que no sólo lo hice de cara al equipo de ITA, sino que principalmente lo hice de cara a mi, porque me dí cuenta de que no me conocía y que me describía a través de los demás, de lo que yo pensaba que la gente esperaba de mi.

Empecé a entender muchas facetas de la enfermedad y es entonces cuando pude empezar a entenderme a mi misma. Comprendí cuál era el papel de la enfermedad en mi vida y tenía claro que debía pelear para quitarle todo el protagonismo y recuperar mi propia identidad.

Se pasa por momentos de verdadera angustia, no soy capaz de definir el dolor que he sentido y que aún a veces siento, pero lo que he comprobado es que con el tiempo todo se puede relativizar y las montañas que se ven hoy, mañana se pueden escalar y pasado se pueden ver con mayor perspectiva e incluso permitir que formen parte de tu paisaje plantando nuevas flores en ellas que las hagan más atractivas.
Hay imágenes y situaciones que son imborrables, pero cuando empiezas a estar mejor y a disfrutar de nuevo, son tantas las cosas con las que vuelves a reír, que cuando te pones a recordar, te quedas únicamente con lo bueno.

Se puede salir, claro que se puede y a veces se tiene que dar un paso atrás para dar dos adelante y otras veces se tiene que retroceder para coger carrerilla, pero sea como sea, si se puede y se quiere, hay que hacerlo, hay que empe& ntilde;arse, hay que sufrir nuevamente para dejar de sufrir. Y todo eso lo tienes que hacer por ti, para ti, porque necesitamos recuperar nuestro yo, nuestro sitio.

Me he tenido que perdonar mucho para empezar a quererme de verdad y sólo así he sentido que puedo ser capaz de hacer algo por los míos, por apreciar todo su amor. Siempre que todo empiece en mi y acabe en mi.

Si echo la vista atrás me parece increíble lo que he conseguido, no puedo decir otra cosa, pese a las batallas a las que me tenga que seguir enfrentando, más que estoy orgullosa. Sé que al final todo se basa en una elección: QUERER VIVIR, SOBREVIVIR, DEJAR DE VIVIR.  Yo elijo vivir, sentir.

ITA está formado por un equipo ejemplar, pero cada persona que acude al centro es un mundo, cada trastorno de la conducta alimentaria tiene sus matices y para mi curación he tenido que formar parte de ellos, depositar la mucha y a veces la poca confianza en sus manos y seguir sus pautas, sus consejos.

Hay cositas de mi que me gustan mucho y otras que detesto bastante, pero es el conjunto lo que me define, lo que soy. Seguro que puedo mejorar y aprender de mis errores, pero lo que aún tengo más claro es que voy a seguir errando y lo asumo.

Gracias a todos los que habéis formado parte de alguna de las anteriores letras, gracias a todos los que continuáis haciendo posible que las siga escribiendo. Gracias, de corazón.

Pacientes y familiares comparten su experiencia

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