Laura E.  (23 años)

16/07/2009

Dime que estás cansada de luchar; de ver como la vida pasa a tu vera mientras tú sigues allí, inmóvil como un ser inanimado, sin vida.

Dime que estás cansada de llorar, chillar, sufrir... Y hacerlo sola, en silencio. Intentando hallar todo aquello que no eres sustentándote en un mundo que te promete felicidad eterna, que te hechiza, pero que te roba lo más importante de ti: tu persona, tu vida.

Dime que esto es demasiado para ti. Que te parece que nunca vas a poder salir de este laberinto donde te encuentras perdida y sola. Que a veces, la soledad llega a ser tan fuerte que te cuestionas si vale la pena seguir o dejarse vencer.

Dime que estás cansada de todo esto y muchos más pensamientos y sentimientos  que transitan en tu mente a una velocidad acelerada.

Más no me digas: "¡No puedo, esto es superior a mi, me rindo!", porque aquí te equivocas, no te creo, porque querer es poder. No lo dudes.

Quizá mi vida no es otra cosa que un complejo de líneas perfectas, de trazo preciso y exigencia sobre mi persona. Quizá aún no soy la persona fuerte que esperaba encontrar. Quizá, aún no he terminado (del todo) de pasar página de un pasado manchado de dolor y pintado con una paleta de matices grises y negros. Quizá, hoy aún existe el miedo, la tristeza, el dolor, la rabia... Pero a pesar de todo... Hoy he aprendido que dichos sentimientos no van a desaparecer por más comida que restrinja o por más autolesiones con las que me castigue. El secreto está en relativizarlas y encontrar otros modos de expresión. Mi rabia, tristeza o dolor hoy se manifiestan en lágrimas, en mis escritos, en paseos en la playa o en la música. A veces, las teclas de mi piano suenan al ritmo de las últimas composiciones de Beethoven (frenéticas, perturbadas, irritadas...) y otras, llegan a oírse tan dulces y plácidas como la pimavera de Vivaldi.

No soy la niña abierta y bonita que visualizaba en mis sueños cada noche al cerrar los ojos; la misma con la que me evadía durante el día; la personificación de un yo antagónico, rival a mi persona. Pero hoy me levanto por la mañana y cuando abro los ojos mi pensamiento no es aquel "ojalá nunca hubiera despertado", sino que quizá se asemeja más a un "tengo sueño, quiero dormir", pero la vida sigue y el día me espera.

Sigo siendo tímida, me cuesta relacionarme con los demás. Pero no tengo necesidad de andar por la calle con la cabeza agachada, de esconderme de la gente... Porque como alguien me dijo una vez, no soy nadie de quien avergonzarme.

Mi vida no es perfecta, pero del mismo modo que no lo es para nadie. Hay días en que parece que todo te sale bien, que eres capaz de tocar las estrella con la palma de tu mano, pero también existen días en los que te sientes cansada, triste...

Hoy he aprendido que hay pensamientos que no puedes extirpar de tu mente, porque no existen borradores mágicos; aún así, en esos momentos donde de nuevo me pregunto si seguir adelante o volver atrás, pienso en todo el camino recorrido, en las personas que me quieren y a quienes les importo. Y entonces, me doy cuenta que no necesito ninguna balanza para sospesar qué pesa más; la respuesta es muy clara.

No me considero una persona especial ni distinta al resto, me siento una más, simplemente. Aún así soy consciente de mis puntos débiles, de la facilidad en que las cuerdas que sustentan mi vida pueden romperse. Por eso, lucho día tras día y me esfuerzo para que mi vida siga su rumbo y no se pierda de nuevo. Hoy me he dado cuenta que convivir sin confianza, odiándote a ti misma es como navegar sin velas, pues nunca acabas de conocer la dirección exacta del viento ajeno. De que la vida depende de cómo posamos el pie en este mundo y sí, aprendemos caminando, porque el objetivo y el secreto están en ser tu mismo, en construirte. Quizá por eso y a pesar de mi perfeccionismo, hoy cojo mi vida y la desordeno, como un niño a quien le regalan un puzzle de centenares de piezas que no encajan, pero que cada pieza es especial y distinta a las demás. Cada una de ellas destapa una nueva ilusión, un deseo que cumplir, un sueño hecho realidad, una amistad verdadera... Un futuro que por primera vez en mi vida y después de muchos años abre al final de su sendero la luz; un rasgo de cielo azul al que me lanzo.

Ahora y después de esto, no me digas que no puedes, dime si acaso, no quiero, porque como te dije, poder es querer y porque nada es igual según las retinas que lo avisten.

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