Reportaje TV2
Mi cuerpo, mi enemigo
Los trastornos de conducta de la alimentación se han convertido en una epidemia.
08/06/2009
Yo lo tenía todo: era buena estudiante, tenía una familia que me quería, muy unidos todos, tenía muchos amigos, una situación económica muy buena... Mi único problema era estar gorda. "Si adelgazara TODO sería PERFECTO". Por tanto, todos los problemas, errores, fracasos no tendrían tanta importancia y se solucionarían antes en el momento que estuviera delgada. Ya no tendría estos inmensos bajones que me hacían dudar de la valía de mi vida, de mi persona en el mundo.
Pero en realidad el problema era otro: yo no me escuchaba, no me conocía. No sabía que era el miedo, la frustración, las emociones. No sabía entenderme, me maltrataba, no me quería. Y lo más duro era pensar que sí, y no entenderlo. Creía en la perfección, en planes infalibles, en el TODO, SIEMPRE.
Sin embargo, ni mi inteligencia, educación, saber estar, cultura, simpatía y buen humor bastaron para descubrir que necesitaba ayuda. Hasta pasados 7 años, momento en el que decidí reconocer mi debilidad (que ahora aprecio y valoro) y acudir a ITA.
Un año de hospital de día entregada al 100%. Tenía una enfermedad, era víctima de ello y quería curarme. Un periodo en el que no paré de aprender ni un solo segundo. Crecí, comprendí, luché y vencí. Paciencia y equilibrio: mis dos grandes pilares, ignorados hasta entonces.
Ahora vivo, sonrío de manera sincera y no dejo de confiar. Disfruto del camino, no tanto de la meta. Aprecio mis cualidades y tolero mis defectos. Y por tanto, de manera más sencilla, también los de los demás. Ahora siento, y me gusta sentir. Valoro la soledad combinándola con momentos para compartir.
Porque todos necesitamos ayuda, todos necesitamos aprender de nosotros mismos, de nuestro entorno y de los demás. Es la motivación para creer que siempre hay una razón para vivir.
ITA ha conseguido que me esfuerce por tener claro que, me cueste lo que me cueste, yo puedo ser feliz. Con lo que eso conlleva, cuidarme para siempre, como pocas cosas eternas en esta vida.
Pacientes y familiares comparten su experiencia
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